Hospital: Complejo Asistencial Universitario de Salamanca
Ciudad:
Nº:
Aut@r o Autores: Fátima Cano Mateos, Ana Herrero Hernández, María Alejandra Arévalo González, Manuela Ballen García, Luis Hernán Vargas Alvarado, Blanca Prieto García,
Presentación:
Varón de 67 años con antecedente de episodios de colecistitis aguda de repetición. Acude a urgencias remitido desde otro centro por dolor abdominal intenso y leucocitosis tras colecistectomía programada por vía abierta (inicialmente laparoscópica) tres días antes. A su llegada el paciente presenta un cuadro de sepsis. Se realiza TC abdominopélvico sin y tras la administración de contraste intravenoso, en fase arterial y portal. En él se objetiva líquido de localización perihepática, periesplénica, en ambas gotieras paracólicas, entre asas y pelvis, con predominio en flanco y fosa iliaca derechos, así como burbujas aéreas extraluminales de distribución difusa por toda la cavidad abdominal. También se identifica la presencia de neumatosis parietal a nivel del ciego y focal en algún asa de intestino delgado. Las asas intestinales presentan un realce adecuado. Existen signos de neumatosis portal. En fase angiográfica se observa permeabilidad del eje aortoiliaco y sus ramas, junto con ateromatosis calcificada del mismo y en el origen de sus divisiones principales sin evidenciar estenosis significativa. Por último, se visualizan los cambios postquirúrgicos secundarios a la colecistectomía con ectasia de la vía biliar.
Discusión:
El diagnóstico final, tras laparotomía exploradora, es de peritonitis biliar generalizada con la presencia de abscesos. En la cirugía se identifica escasa fuga biliar en el lecho del fondo vesicular con sutura del cístico íntegra, e isquemia del ciego sin signos de perforación. Se realiza lavado de la cavidad peritoneal, sutura del punto de fuga en el lecho vesicular y hemicolectomía derecha, con colocación de drenaje abdominal. La peritonitis biliar es un tipo de peritonitis secundaria, relativamente infrecuente y de mal pronóstico sin tratamiento precoz. Una de sus causas es la lesión iatrogénica de las vías biliares, más frecuente tras una colecistectomía laparoscópica (hasta 0,9-2% de casos) que abierta (0,2-0,3%). Estas fugas biliares normalmente se originan en el muñón del conducto cístico y los conductos de Luschka. Éstos se originan frecuentemente en el lóbulo hepático derecho y atraviesan la fosa vesicular. La lesión de la vía biliar mayor (hepático común o colédoco) es menos frecuente. Las manifestaciones clínicas están determinadas por la cantidad y la velocidad de fuga hacia la cavidad peritoneal. Incluyen dolor abdominal, distensión, náuseas, febrícula y malestar general. Sin embargo, el tratamiento analgésico y antibiótico postoperatorio pueden interferir en las mismas. En estos casos se suele solicitar la ecografía y el TC como pruebas radiológicas. En el TC se puede observar líquido loculado, normalmente en el lecho del conducto cístico, hilio hepático o espacio subhepático, o líquido libre. Estos hallazgos son inespecíficos ya que no se puede distinguir la bilis de otras colecciones líquidas postquirúrgicas (pus o líquido seroso) de forma clara. También es posible identificar un discreto engrosamiento liso peritoneal. La sepsis es la causa de mayor morbimortalidad, por lo que requiere manejo temprano para su prevención y tratamiento. Por ello, la peritonitis biliar es la principal indicación de cirugía en los casos de fuga biliar.
Conclusión:
El diagnóstico final, tras laparotomía exploradora, es de peritonitis biliar generalizada con la presencia de abscesos. En la cirugía se identifica escasa fuga biliar en el lecho del fondo vesicular con sutura del cístico íntegra, e isquemia del ciego sin signos de perforación. Se realiza lavado de la cavidad peritoneal, sutura del punto de fuga en el lecho vesicular y hemicolectomía derecha, con colocación de drenaje abdominal. La peritonitis biliar es un tipo de peritonitis secundaria, relativamente infrecuente y de mal pronóstico sin tratamiento precoz. Una de sus causas es la lesión iatrogénica de las vías biliares, más frecuente tras una colecistectomía laparoscópica (hasta 0,9-2% de casos) que abierta (0,2-0,3%). Estas fugas biliares normalmente se originan en el muñón del conducto cístico y los conductos de Luschka. Éstos se originan frecuentemente en el lóbulo hepático derecho y atraviesan la fosa vesicular. La lesión de la vía biliar mayor (hepático común o colédoco) es menos frecuente. Las manifestaciones clínicas están determinadas por la cantidad y la velocidad de fuga hacia la cavidad peritoneal. Incluyen dolor abdominal, distensión, náuseas, febrícula y malestar general. Sin embargo, el tratamiento analgésico y antibiótico postoperatorio pueden interferir en las mismas. En estos casos se suele solicitar la ecografía y el TC como pruebas radiológicas. En el TC se puede observar líquido loculado, normalmente en el lecho del conducto cístico, hilio hepático o espacio subhepático, o líquido libre. Estos hallazgos son inespecíficos ya que no se puede distinguir la bilis de otras colecciones líquidas postquirúrgicas (pus o líquido seroso) de forma clara. También es posible identificar un discreto engrosamiento liso peritoneal. La sepsis es la causa de mayor morbimortalidad, por lo que requiere manejo temprano para su prevención y tratamiento. Por ello, la peritonitis biliar es la principal indicación de cirugía en los casos de fuga biliar.
Bibliografía:
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