Hospital: Hospital Clínico Universitario de Valladolid
Ciudad:
Nº:
Aut@r o Autores: Marta Gallego Verdejo, Reyes Petruzzella Lacave, Ana Peña Aisa, Sara Carmen García Parrado, Carlos Castañeda Cruz, Rebeca Sigüenza González.,
Presentación:
Varón de 53 años sin antecedentes conocidos, que es encontrado en su domicilio con herida craneal por arma de fuego. A la llegada del equipo de emergencia el paciente se encuentra en estado de coma (Escala de Coma de Glasgow: 3) con pupilas midriáticas y arreactivas. Una vez en el servicio de Urgencias, se decide la realización de TC cerebral para valorar las lesiones intracraneales y la posibilidad de un tratamiento neuroquirúrgico. Dada la gravedad de los hallazgos se desestimó la posibilidad de tratamiento curativo, y finalmente el paciente falleció convirtiéndose en donante de órganos.
Discusión:
En nuestro medio las heridas por arma de fuego no son tan frecuentes como en otros escenarios. Esto, sumado a su elevada letalidad inmediata, hace que sea una entidad poco frecuente en radiología requiriendo un diagnóstico rápido y preciso. El cerebro es un órgano friable, por lo que la destrucción de tejido que ocasiona el proyectil a lo largo de su trayecto es mayor que en otros lugares de la anatomía. Por lo que, el objetivo fundamental en estos casos es la valoración de la gravedad de los hallazgos. El factor que mejor se asocia con la gravedad de las lesiones y que es de suma importancia en estos casos con repercusión médico-legal, es la distancia entre el arma y el individuo. Por este motivo es fundamental describir de forma minuciosa las características de los orificios de entrada y de salida del proyectil, el ángulo que conforman y su trayectoria, ya que aportarán información clave sobre la distancia y la posición a la que se ha producido el disparo, esencial en la posterior investigación forense. En función de cuánto penetre el proyectil en el interior craneal, podemos encontrarnos con diferentes tipos de hemorragia tanto intra como extraaxiales. En el caso de los disparos a corta distancia, como fue nuestro caso, lo más habitual es encontrar un hematoma intraparenquimatoso de morfología más o menos lineal siguiendo el recorrido de la bala, y que suele asociar también en este trayecto neumoencéfalo y pequeños fragmentos óseos. Además, como consecuencia de un aumento de la presión intracraneal, podemos encontrar signos de edema cerebral difuso, como borramiento de surcos o pérdida de la diferenciación córtico-subcortical.
Conclusión:
En nuestro medio las heridas por arma de fuego no son tan frecuentes como en otros escenarios. Esto, sumado a su elevada letalidad inmediata, hace que sea una entidad poco frecuente en radiología requiriendo un diagnóstico rápido y preciso. El cerebro es un órgano friable, por lo que la destrucción de tejido que ocasiona el proyectil a lo largo de su trayecto es mayor que en otros lugares de la anatomía. Por lo que, el objetivo fundamental en estos casos es la valoración de la gravedad de los hallazgos. El factor que mejor se asocia con la gravedad de las lesiones y que es de suma importancia en estos casos con repercusión médico-legal, es la distancia entre el arma y el individuo. Por este motivo es fundamental describir de forma minuciosa las características de los orificios de entrada y de salida del proyectil, el ángulo que conforman y su trayectoria, ya que aportarán información clave sobre la distancia y la posición a la que se ha producido el disparo, esencial en la posterior investigación forense. En función de cuánto penetre el proyectil en el interior craneal, podemos encontrarnos con diferentes tipos de hemorragia tanto intra como extraaxiales. En el caso de los disparos a corta distancia, como fue nuestro caso, lo más habitual es encontrar un hematoma intraparenquimatoso de morfología más o menos lineal siguiendo el recorrido de la bala, y que suele asociar también en este trayecto neumoencéfalo y pequeños fragmentos óseos. Además, como consecuencia de un aumento de la presión intracraneal, podemos encontrar signos de edema cerebral difuso, como borramiento de surcos o pérdida de la diferenciación córtico-subcortical.
Bibliografía:
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