Hospital: Hospital Clínico Universitario de Valencia
Ciudad:
Nº:
Aut@r o Autores: Nader Salhab Ibáñez, Beatriz Cabrera Pérez, Pilar Lombao Gracia, Josep Mogort Martínez, Cristina Biosca Calabuig, Marc Aparisi Pons,
Presentación:
Paciente de 72 años que acude a urgencias médicas por un dolor abdominal, focalizado sobre hipocondrio derecho y epigastrio desde hacía unos 3 o 4 días que no cedía y que se había acentuado en las últimas horas. Desde urgencias lo historian, exploran y le piden una analítica en la que únicamente destaca un leve aumento de la PCR (sobre 10). Ante un dolor algo inespecífico y una analítica casi normal, se le solicita una ecografía para poder filiar mejor el origen del dolor. Los hallazgos por las distintas modalidades de imagen son bastante característicos y debemos tenerlos en cuenta puesto que rara vez hay una sospecha diagnóstica directa de este síndrome y suelen venir por dolor abdominales inespecíficos.
Discusión:
La presencia de colelitiasis en la población tiene una relativa alta prevalencia, siendo menos frecuentemente sintomática, y aún más extraño que se produzca un íleo biliar como consecuencia de éstas. Cuando las litiasis vesiculares son de pequeño tamaño, pueden salir a través del infundíbulo, cístico, el colédoco, la ampolla y llegar al duodeno; pudiendo llegar a quedar impactadas en los distintos tramos del trayecto, dando lugar a diferente patología (colecistitis, cólicos biliares, colangitis ascendente, pancreatitis aguda…;). Cuando la litiasis alcanza cierto tamaño ya no puede salir a través del cístico y la única forma que tiene de salir es a través de una fístula entero-biliar, pudiendo, en este caso (especialmente si la litiasis es mayor de unos 2.5 cm), producir un íleo biliar. Cuando la litiasis queda impacta en el duodeno, produciendo una dilatación retrógrada del mismo y de la cámara gástrica, se habla de síndrome de Bouveret. Los hallazgos por imagen son: – Radiografía: Presencia de la tríada de Rigler (litiasis ectópica, neumobilia y obstrucción de asas intestinales). Esta tríada es más frecuente cuando la impactación se produce a nivel de la ampolla ileocecal que a nivel duodenal, por la dilatación retrógrada de las asas. – Ecografía: Se suele objetivar una vesícula parcialmente colapsada, con cambios inflamatorios a su alrededor y aire en su interior; también se puede ver neumobilia intrahepática. Si las condiciones lo permiten, también se puede identificar la litiasis a nivel duodenal, con dilatación retrógrada del duodeno y estómago. – Tomografía computarizada: Los hallazgos son similares a la ecografía, pero en esta modalidad de imagen se puede constatar la presencia de la fístula entero-biliar, delimitar mejor los cambios inflamatorios y posibles colecciones, evaluar la afectación de otros órganos circundantes y de la propia vesícula. El diagnóstico precoz es importante y el tratamiento puede ser por endoscopia o quirúrgico.
Conclusión:
La presencia de colelitiasis en la población tiene una relativa alta prevalencia, siendo menos frecuentemente sintomática, y aún más extraño que se produzca un íleo biliar como consecuencia de éstas. Cuando las litiasis vesiculares son de pequeño tamaño, pueden salir a través del infundíbulo, cístico, el colédoco, la ampolla y llegar al duodeno; pudiendo llegar a quedar impactadas en los distintos tramos del trayecto, dando lugar a diferente patología (colecistitis, cólicos biliares, colangitis ascendente, pancreatitis aguda…;). Cuando la litiasis alcanza cierto tamaño ya no puede salir a través del cístico y la única forma que tiene de salir es a través de una fístula entero-biliar, pudiendo, en este caso (especialmente si la litiasis es mayor de unos 2.5 cm), producir un íleo biliar. Cuando la litiasis queda impacta en el duodeno, produciendo una dilatación retrógrada del mismo y de la cámara gástrica, se habla de síndrome de Bouveret. Los hallazgos por imagen son: – Radiografía: Presencia de la tríada de Rigler (litiasis ectópica, neumobilia y obstrucción de asas intestinales). Esta tríada es más frecuente cuando la impactación se produce a nivel de la ampolla ileocecal que a nivel duodenal, por la dilatación retrógrada de las asas. – Ecografía: Se suele objetivar una vesícula parcialmente colapsada, con cambios inflamatorios a su alrededor y aire en su interior; también se puede ver neumobilia intrahepática. Si las condiciones lo permiten, también se puede identificar la litiasis a nivel duodenal, con dilatación retrógrada del duodeno y estómago. – Tomografía computarizada: Los hallazgos son similares a la ecografía, pero en esta modalidad de imagen se puede constatar la presencia de la fístula entero-biliar, delimitar mejor los cambios inflamatorios y posibles colecciones, evaluar la afectación de otros órganos circundantes y de la propia vesícula. El diagnóstico precoz es importante y el tratamiento puede ser por endoscopia o quirúrgico.
Bibliografía:
1. Gosangi B., Rocha TC., Duran-Mendicuti A. Imaging Spectrum of Duodenal Emergencies 2020;40(5):1441-57. Doi: 10.1148/rg.2020200045. 2. Haddad FG., Mansour W., Deeb L. Bouveret’s Syndrome: Literature Review 2018;10(3):e2299. Doi: 10.7759/cureus.2299. 3. Brennan GB., Rosenberg RD., Arora S. Bouveret Syndrome 2004;24(4):1171-5. Doi: 10.1148/rg.244035222. 4. Yu Y-B., Song Y., Xu J-B., Qi F-Z. Bouveret’s syndrome: A rare presentation of gastric outlet obstruction 2019;17(3):1813-6. Doi: 10.3892/etm.2019.7150.