Hospital: Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (CHUAC)
Ciudad:
Nº:
Aut@r o Autores: BARBARA SAIZ ABAD, Claudia Fontenla Martínez; Marta Costas Mora; Cristina Flores Rodríguez; Laura Abelairas Lopez; Milena Cruz Sanchez,
Presentación:
Varón de 70 años con múltiples factores de riesgo cardiovascular (exfumador, hipertenso, diabético y dislipémico) con antecedente de aneurisma micótico en la aorta abdominal y bacteriemia secundaria que fue sometido a una ligadura aórtica y bypass axilo-bifemoral hace 8 años. El paciente acude al servicio de Urgencias por dolor lumbar de 4 días de evolución que se irradia a región suprapúbica. El dolor es continuo y no cede con reposo ni al cambiar de postura. La exploración física y la analítica no muestran alteraciones relevantes. Se realiza de urgencia una TC abdominopélvica sin contraste intravenoso (CIV) y tras la administración del mismo en fases arterial y portal en el que se visualiza ausencia de plano graso entre la tercera porción duodenal y la aorta infrarrenal, con un probable defecto en la pared posterior del duodeno y discretos cambios inflamatorios en la grasa adyacente. Los hallazgos descritos son compatibles con fístula aorto-duodenal. El paciente es sometido a una cirugía de urgencia confirmando la presencia de una adherencia firme entre la tercera porción duodenal y la cara anterior de la aorta.
Discusión:
La fístula aorto-entérica se trata de una comunicación aberrante entre la aorta y el tubo digestivo. Es una patología infrecuente pero con alta tasa de mortalidad (oscila entre el 30-85%). Puede ser primaria (incidencia entre el 0,04-0,7%) cuando se desarrolla sobre la aorta nativa o secundaria (más frecuente, incidencia entre el 0,3-1,6%) cuando ocurre como complicación postquirúrgica tras reparación vascular. Es más frecuente en varones y puede ocurrir en un intervalo amplio de tiempo, desde dos semanas hasta una década después de la cirugía. La tríada clínica característica consiste en hemorragia gastrointestinal (hematemesis/melenas), dolor abdominal y masa abdominal pulsátil. Ante la sospecha clínica se debe realizar una TC abdominopélvica sin y con CIV en fases arterial y venosa. En la tomografía podemos visualizar una serie de signos directos como son la extravasación de contraste aórtico a la luz intestinal, fuga de material entérico al espacio periaórtico, disrupción de la pared aórtica y gas aórtico/perivascular. También pueden aparecer signos indirectos como líquido libre o edema de partes blandas en disposición circunferencial rodeando a la aorta o la pérdida del plano graso de separación entre la aorta y el tubo digestivo. La ausencia de visualización de los signos directos no excluye el diagnóstico, ya que tienen alta especificidad pero baja sensibilidad. El tratamiento definitivo es la cirugía.
Conclusión:
La fístula aorto-entérica se trata de una comunicación aberrante entre la aorta y el tubo digestivo. Es una patología infrecuente pero con alta tasa de mortalidad (oscila entre el 30-85%). Puede ser primaria (incidencia entre el 0,04-0,7%) cuando se desarrolla sobre la aorta nativa o secundaria (más frecuente, incidencia entre el 0,3-1,6%) cuando ocurre como complicación postquirúrgica tras reparación vascular. Es más frecuente en varones y puede ocurrir en un intervalo amplio de tiempo, desde dos semanas hasta una década después de la cirugía. La tríada clínica característica consiste en hemorragia gastrointestinal (hematemesis/melenas), dolor abdominal y masa abdominal pulsátil. Ante la sospecha clínica se debe realizar una TC abdominopélvica sin y con CIV en fases arterial y venosa. En la tomografía podemos visualizar una serie de signos directos como son la extravasación de contraste aórtico a la luz intestinal, fuga de material entérico al espacio periaórtico, disrupción de la pared aórtica y gas aórtico/perivascular. También pueden aparecer signos indirectos como líquido libre o edema de partes blandas en disposición circunferencial rodeando a la aorta o la pérdida del plano graso de separación entre la aorta y el tubo digestivo. La ausencia de visualización de los signos directos no excluye el diagnóstico, ya que tienen alta especificidad pero baja sensibilidad. El tratamiento definitivo es la cirugía.
Bibliografía:
– Sweeney MS, Gadacz TRR. Primary aortoduodenal fistula: manifestation, diagnosis and treatment. Surgery. 1984;96:492—7 – Hughes FM, Kavanagh D, Barry M, Owens A, MacErlaine DP, Malone DE. Aortoenteric fistula: a diagnostic dilemma. Abdom Imaging.