Servicio de Radiodiagnóstico.
1. Introducción
El traumatismo vertebral y el síndrome medular agudo son urgencias / emergencias mé- dicas, cuya mala evolución puede determinar pérdida de la estabilidad de la columna ver- tebral, o un estado de parálisis o anestesia permanente. El síndrome medular de evolución aguda/ subaguda y origen no traumático también se considera urgencia médica. El radiólo- go de Urgencias se enfrenta frecuentemente a estas patologías y los medios de diagnóstico por imagen son fundamentales para establecer rápidamente un diagnóstico exacto, que permita iniciar un tratamiento médico-quirúrgico inmediato que evite lesiones irreversibles.
2. Objetivos
Los objetivos docentes de esta comunicación son:
- Revisar la epidemiología, etiología, y presentación clínica de traumatismos espinales agudos y del síndrome medular
- Describir las indicaciones de estudio radiológico urgente, así como la técnica radioló- gica de elección según la sospecha clínica, y las ventajas e inconvenientes de las técnicas de diagnóstico por
- Describir los hallazgos radiológicos más significativos, en cada técnica de imagen. 4.Diseñar un protocolo de manejo clínico-radiológico de pacientes con sospecha clínica de lesión vertebral y/o medular aguda, traumática o no traumática.
3. Exposición
Epidemiología
Entre los años 2000 y 2008 en España se registraron 9.352 altas hospitalarias corres- pondientes a ingresos urgentes por lesión medular (tasa de incidencia de 24,0 casos por millón de habitantes). El 54% de las lesiones medulares traumáticas afectan a jóvenes de entre 16 y 30 años. En el 50% de los casos el mecanismo fue un accidente de tráfico, en- tre un 20 y un 30% una caída casual, y el resto por accidente laboral, deporte o actividad de ocio y violencia. En esos años, se produjeron en España 599 defunciones hospitalarias entre personas ingresadas por lesión medular traumática, la mayoría de ellas en hombres y por mecanismos distintos a los accidentes de tráfico (69,6%).
En España se ha estimado la incidencia de lesión medular en 25 casos por millón de habitantes, produciéndose entre 800 y 1.000 casos nuevos cada año. Se estima que hay entre 25.000 y 30.000 personas viviendo con lesión medular. Es más frecuente en hombres (razón hombre/mujer 4:1), razón que se invierte en grupos de mayor edad.
Anatomía
La columna vertebral o espinal, está formada por 7 vértebras cervicales, 12 torácicas (dorsales), y 5 lumbares, 5 vértebras sacras (fusionadas) y 4 coxígeas (normalmente fusio- nadas). Constituye el soporte estructural básico del cuerpo y es la armadura de protección de la médula espinal. Además de las estructuras óseas, se compone de discos interverte- brales y ligamentos, de los cuales los más importantes son los que constituyen el comple- jo ligamentario posterior (ligamentos supraespinoso, interespinosos, y amarillos). Pueden existir anomalías de segmentación, de transición entre segmentos, vértebras supernume- rarias, etc que debemos reconocer y reflejar en los informes radiológicos.
La columna cervical es el segmento que más se afecta en el traumatismo espinal, espe- cialmente a nivel C2 y C5 a C7, por su localización expuesta sobre el torso. El 90% de lesio- nes vertebrales traumáticas del segmento toracolumbar ocurren entre T11 y L4 (transición toracolumbar y cambio de cifosis a lordosis), pero rara vez asocia lesión medular completa por la anchura del canal a ese nivel.
La médula espinal es la continuación del tronco del encéfalo, y se extiende hasta el cuerpo vertebral L1 ó L2. Termina en el cono medular y continúa con la cauda equina y el filum terminale, que ancla el cono medular al fondo del saco tecal (en borde inferior de S2). Está rodeada por tres membranas: piamadre, aracnoides y duramadre. El espacio suba- racnoideo, entre piamadre y aracnoides, contiene LCR. Entre la aracnoides y la duramadre se encuentra el espacio subdural, y entre la duramadre y el canal vertebral está el espacio graso epidural.
La irrigación arterial de la médula espinal involucra tres vasos que corren longitudinal- mente a lo largo de ella: una arteria espinal anterior y dos arterias espinales posteriores. Las venas espinales forman una red perimedular con drenaje anterior y posterior.
Definición de daño medular y traumatismo de columna espinal
El traumatismo raquimedular o de columna espinal incluye todas las lesiones traumáti- cas que afectan las diferentes estructuras osteoligamentosas, cartilaginosas, musculares, vasculares, meníngeas, radiculares y medulares de la columna vertebral a cualquiera de sus niveles.
El síndrome medular agudo consiste en síntomas y signos motores, sensitivos y/o auto- nómicos de presentación aguda o subaguda, secundarios a interrupción de las vías nervio- sas que comunican el cerebro con el resto del organismo, la cual ocasiona déficit neuroló- gico por debajo de la lesión.
Una lesión medular causa uno o varios de los siguientes síntomas:
- Parálisis en músculos del tronco, cuello y
- Pérdida de sensibilidad del tronco, cuello y
- Pérdida de control de esfínter vesical, anal o
- Bloqueo del sistema simpático (origina hipotensión, bradicardia, distensión abdomi- nal).
El grado de compromiso depende del daño: puede ser una lesión completa (si se obser- van todos los síntomas-signos indicados) o una lesión incompleta si sólo presenta unos de los síntomas o todos pero en forma parcial (por ejemplo, parálisis parcial y no total). Cuanto más alta o craneal sea la lesión mayor será la pérdida de función.
Por tanto, el SMA es una emergencia médica cuya mala evolución puede determinar un estado de parálisis o anestesia permanente que dependerá del nivel al que se produzca la lesión, con mayor afectación cuanto más próxima al cerebro.
Etiología
La causa más frecuente de SMA es la compresión de la médula secundaria a traumatis- mo (cervical seguido de dorsal) y en segundo lugar la compresión medular por metástasis en los cuerpos vertebrales.
1.- Traumática
Es la etiología más frecuente de SMA, particularmente en adultos jóvenes. La existencia de enfermedades espinales subyacentes hace más susceptible al paciente de sufrir TSCI (traumatic spinal cord injury): espondilosis cervical, inestabilidad atloaxoidea, médula ancla- da, osteoporosis, espondilitis anquilosante, etc.
Los mecanismos por los que se daña la médula espinal son sección medular (transec- ción), compresión, contusión y daño vascular.
Las fracturas y luxaciones vertebrales son numerosas, y no son objeto de estudio en esta comunicación. Se producen por distintos mecanismos: compresión vertebral, estallido, flexión-distracción, lesión traslacional, luxación facetaria, etc.
2.- No traumática
Este grupo incluye etiología autoinmune, infecciosa, neoplásica, vascular, degenerativa y anomalías congénitas o idiopáticas. Suele asociarse a SMA subagudo, (dolor, debilidad muscular posterior en miembros inferiores, déficit sensitivo y pérdida de control de esfínte- res).
La mayoría de lesiones de médula espinal se producen en asociación con fractura ósea, luxación articular, rotura de ligamentos y rotura o hernia discal. Reflejan el mecanismo traumático, que produce flexión, rotación, extensión y/o compresión patológica, con reper- cusión en la estabilidad de la columna vertebral y riesgo de daño medular.
La lesión medular puede ser primaria (efecto inmediato tras compresión, contusión y sección medular) o secundaria (aparece después de unos minutos del daño inicial, progre- sando en horas). La lesión secundaria se produce por mecanismos como isquemia, hipoxia, inflamación, edema, citotoxicidad, alteración de la homeostasis iónica, y apoptosis. El ede- ma progresa, y regresa a partir del noveno día, sustituyéndose por necrosis hemorrágica.
Clasificación de lesiones vertebrales y medulares
La severidad de los síndromes medulares se clasifica usando la Escala de la Asociación americana de Lesión Espinal -American Spinal Injury Association (ASIA) Scale:
Lesión medular completa.- En esta lesión (ASIA grado A) habrá una zona rostral de niveles sensitivos conservados (eg. Dermatomas C5 y superiores conservados en una frac- tura C5-C6), disminución de sensibilidad en el nivel caudal adyacente, y ausencia de sen- sibilidad en niveles inferiores, incluidos los segmentos sacros S4-S5. Igualmente, habrá disminución de fuerza muscular en el nivel inmediatamente inferior a la lesión, y parálisis completa en miotomas caudales.
Lesión incompleta.- En lesiones incompletas (ASIA grado B a D), hay varios grados de función motora en músculos controlados por niveles caudales a la lesión medular. La sensibilidad está parcialmente preservada en los dermatomas inferiores. Normalmente, la sensibilidad está conservada en un área mayor que el área motora afectada, porque los tractos sensitivos se localizan en zonas menos vulnerables de la médula.
Síndrome medular central.- Se caracteriza por déficit motor desproporcionadamente mayor en extremidades superiores respecto a las inferiores, disfunción vesical, y pérdida de sensibilidad variable por debajo del nivel de lesión, después de traumatismo cervical leve en el contexto de espondilosis cervical preexistente.
Síndrome medular anterior.- Cuando ocurre en un TSCI, se cree que representa daño medular directo por retropulsión discal o de fragmentos óseos, más que daño arterial pri- mario.
Síndrome medular posterior.- Produce ataxia de la marcha y parestesias, debilidad y flaccidez con hiporeflexia, o hipertonía e hiperreflexia en fase crónica. Puede cursar con reflejo plantar extensor y disfunción urinaria.
Síndrome de Brown-Sequard.- Secundario a hemisección lateral.Ocasiona debilidad, pérdida de pérdida de sensibilidad vibratoria, propioceptiva térmica y dolorosa, ipsilateral a la lesión.
Shock espinal y parálisis transitoria.- Inmediatamente después de un daño medular, puede haber pérdida fisiológica de todas las funciones de la médula espinal por debajo de la lesión. Puede instaurarse bradicardia e hipotensión. Estas disfunciones pueden durar ho- ras o semanas, y se denominan shock espinal. Las lesiones transitorias son más frecuentes tras lesiones deportivas en pacientes jóvenes.
Manejo clínico-radiológico
Cuando un paciente presenta un cuadro clínico de afectación medular, especialmente si es agudo o subagudo, o presenta deterioro agudo o subagudo de un déficit crónico, deben plantearse los medios diagnósticos más adecuados con el objeto de establecer rápidamente un diagnóstico exacto, ya que la lesión puede ser reversible con tratamiento médico-quirúr- gico inmediato, y un retraso diagnóstico podría ocasionar un déficit neurológico irreversible.
Manejo clínico
En la evaluación clínica deben valorarse antecedentes (traumático, neoplasia conocida y progresión de la enfermedad,…), tiempo de instauración de los síntomas, etc. Con la exploración neurológica se intenta localizar el nivel de lesión sospechado.
El manejo inicial del paciente con trauma espinal debe realizarse en el sitio del accidente, y después en el departamento de Urgencias hospitalarias.
La valoración sigue el esquema de priorización ABCD: Airway, Breathing, Circulation, Disability (estado meurológico). Se debe realizar una correcta inmovilización ante lesión potencial de columna espinal. Se asume lesión espinal traumática si existe daño craneal, pérdida de nivel de conciencia, dolor espinal, o pérdida de fuerza/sensibilidad. Con fre- cuencia, existen lesiones cerebrales y sistémicas asociadas, que limitan la capacidad de expresión del paciente.
La prioridad es valorar, estabilizar y corregir situaciones amenazantes para la vida: mo- nitorización de signos vitales (ritmo cardiaco, tensión arterial, situación respiratoria, tempe- ratura), intubación traqueal, corrección de hipoxia, corrección de hipotensión arterial, inmo- vilización hasta descartar lesión espinal, exploración neurológica, y sondaje vesical para evitar globo vesical.
Manejo radiológico
En muchos centros se realiza una serie completa de radiografías simples de columna cervical en todo paciente traumático antes de retirar el collarín.
Existen dos guías para realizar una correcta indicación de pruebas de imagen.
Según el estudio NEXUS (National Emergency X-Radiography Utilization Study) y otras series, existen cinco criterios con valor predictivo negativo de 99,8%: (1) ausencia de déficit neurológico, (2) nivel de alerta normal, (3) ausencia de intoxicación, (4) ausencia de dolor de cuello o línea media, y (5) ausencia de lesiones distractoras. Si se cumplen TODOS, es poco probable la existencia de lesión espinal cervical, y no deberían hacerse pruebas de imagen (válido para adultos menores de 60 años).
Según en CCR (Canadian C-spine Rule), existen tres condiciones en las que, si no se cumple ninguno de los criterios, el valor predictivo negativo es del 100% y tampoco debe- rían hacerse rpeubas de imagen (Figura 2).
En los pacientes no evaluables por bajo nivel de consciencia y traumatismo espinal, debe asumirse que tienen SMA hasta que no se demuestre lo contrario, porque puede existir hasta en un 7,5% de estos pacientes.
Radiografías simples.- proporcionan un análisis rápido de la alineación, fracturas y au- mento de partes blandas, y por ello son el primer método de valoración de TSCI. Pueden ser la única prueba en pacientes de bajo riesgo, sin indicación de TC por otros motivos. Una serie completa de columna cervical incluye proyecciones anteroposterior, lateral, y de odontoides con boca abierta. Las proyecciones oblicuas son complementarias para valorar masas laterales y facetas. Deben visualizarse todas las vértebras cervicales desde occipu- cio hasta borde superior de T1, para lo cual hay que considerar la proyección del nadador (permite visualizar vértebras cervicales bajas y T1). Generalmente, se diagnostican lesio- nes significativas (con técnica e interpretación adecuada).
Si existe dolor torácico o lumbar, hay que realizar proyecciones anteroposterior, lateral y/o oblicuas de columna torácica y lumbar, respectivamente.
Si existen signos y síntomas neurológicos con radiografías normales, justifican progresar a otras técnicas de imagen.
Tomografía computarizada (TC).- La TC DE COLUMNA (con reconstrucciones sagital y coronal) es la técnica inicial de elección si existe causa traumática, y debe reemplazar a las radiografías simples de screening en los centros en que se dispone de ella, por su ma- yor sensibilidad. Permite detectar fracturas vertebrales y permite valorar el canal raquídeo, además de partes blandas paraespinales, y puede valorar la médula espinal en ocasiones. Es mejor que la RM para valoración ósea. Además, la dosis de radiación de la TC en el segmento toracolumbar es baja comparada con la de radiografías seriadas (13 miliSieverts [mSv] versus 26 mSv). Cuando se realiza TC craneal para descartar daño cerebral, es cos- te y tiempo eficiente realizar una TC de columna cervical como estudio inicial. En cualquier caso, la TC de columna vertebral es coste y tiempo eficiente respecto a las radiografías porque evita la repetición de proyecciones inadecuadas, por su mayor sensibilidad y por reducción de la movilización del paciente.
– Criterios de realización de TC de columna urgente:
- Sospecha de lesión espinal de causa traumática con factores de alto riesgo (accidente a más de 55 km/h o caída de más de 3 m, déficit neurológico, lesiones graves como hemo- rragia intracraneal, fractura ósea en extremidades, etc).
- Todo paciente con traumatismo cervical, sin criterios de bajo riesgo, por su alta eficien- cia para valorar la estabilidad de la columna espinal y descartar estenosis de canal.
- Primer paso diagnóstico incluso sin antecedente traumático, valorando la administra- ción de CIV, si la RM no está disponible o está contraindicada (e.g. paciente con signos de compresión medular aguda y neoplasia conocida). Permite valorar el canal espinal y con las TC multidetector podemos valorar partes blandas intrarraquídeas y paraespinales.
– Protocolo de estudio
Se debe realizar TC de columna vertebral completa sin CIV, desde la unión cráneo-cer- vical, con reconstrucciones multiplanares.
En paciente politraumatizado, según centros, se realiza TC craneal y cervical sin CIV, seguido de TC toracoabdominopélvico con CIV en fase portal (retraso de 70 s post admi- nistración ed CIV).
En pacientes con SMA no traumático, considerar la administración de doble dosis de contraste (50 ml, y 50 ml adicionales tras un retraso de 180 s, y adquirir imagen en fase portal precoz con el segundo bolo de CIV). Aumenta la sensibilidad para detectar lesiones tumorales, infecciosas, etc.
Mielografía.- considerarla únicamente, en combinación con TC, si la RM no se puede realizar para valorar el canal espinal.
Resonancia Magnética (RM).- En el SMA de etiología no traumática, la técnica de ima- gen de elección es la RM MEDULAR, que preferiblemente se realizará de toda la columna puesto que en ocasiones es difícil definir clínicamente el nivel de la lesión. La ventaja de la RM es proporcionar imagen detallada del contenido del canal raquídeo, muy superior a la de la TC (médula espinal, ligamentos espinales, discos intervertebrales, partes blandas pa- raespinales), y ser más sensible para detectar hematoma epidural. En ausencia de sección medular o hemorragia intramedular, tiene baja sensibilidad en fases tempranas de TSCI. Está indicada en pacientes con sospecha de TSCI y TC negativa, para detectar dichas lesiones. No siempre se puede realizar por falta de recursos o personal, por sus contrain- dicaciones (marcapasos cardiaco, cuerpos extraños metálicos, equipo de soporte vital no compatible, etc), o por la peor monitorización clínica del paciente dentro de la máquina.
– Criterios de realización de RM medular urgente:
- Progresión aguda o aparición de déficit neurológico postraumático.
- Condicionante terapéutico (determina el manejo terapéutico en las primeras horas).
- Sus indicaciones no están claramente definidas en la evaluación inicial del TSCI.
- Exploración y síntomas compatibles con lesión medular traumática sin anomalía radio- lógica (SCIWORA).
- Signos de compresión medular aguda y neoplasia conocida.
- Sospecha clínica de proceso infeccioso agurdo.
– Protocolo de estudio
El estudio básico de columna y médula espinal completa debe incluir las siguientes se- cuencias SAGITALES TSE pT1, TSE pT2 y STIR o TSE pT2 con supresión grasa. Respecti- vamente, permiten valorar la anatomía vertebral, la médula espinal, y la presencia de lesión del complejo ligamentoso posterior, de edema óseo y medular. En determinados casos, para acortar el tiempo de estudio, se puede sustituir ipT2 por ipSTIR o ipT2 con saturación grasa. Si existe lesión medular o sospecha de lesión en unión occipito-cervical, es manda- tario realizar una secuencia TRANSVERSAL TSE T2, preferiblemente con supresión grasa.
Se pueden realizar las siguientes secuencias complementarias: (1) SAGITAL T2* (de- tecta hemorragia medular como focos hipointensos en la fase aguda); (2) secuencia de DIFUSIÓN (si existe sospecha de SCIWORA y no se ha demostrado con las anteriores); TRANSVERSAL T1 con supresión grasa y/o TOF (sospecha de lesión vascular).
SCIWORA (Spinal cord injury without radiographic abnormality).- La Lesión de Mé- dula Espinal sin Anomalía Radiológica es una categoría de TSCI. Es un concepto previo al uso de la RM y se refiere a pacientes con mielopatía sin evidencia de lesión vertebral trau- mática en radiografías ni TC. No obstante, puede haber pacientes con SCIWORA sin lesión evidenciable en RM. Una explicación de este fenómeno es la deformación ligamentosa transitoria con resolución espontánea. Es más frecuente en niños con músculos paraespi- nales débiles, ligamentos espinales elásticos y tejidos laxos.
Otra explicación es que existan lesiones radiológicamente ocultas (afectando a estructu- ras intrarraquídeas). La utilidad de la RM es inestimable para diagnosticar estas alteraciones.
Tratamiento
El paciente con TSCI es atendido en UCIs, para monitorizar y tratar complicaciones cardiovasculares y respiratorias, y realizar profilaxis de tromboembolia venosa o pulmonar (grado 1A de evidencia). Hay que controlar el dolor, y la aparición múltiples complicaciones sistémicas (eg úlceras por decúbito), y mantener una adecuada homeostasis en el pacien- te.
La administración de corticoides para reducir edema medular es controvertida. Están contraindicados si existe daño cerebral traumático moderado-severo (aumentan mortali- dad). Otros procedimientos terapéuticos son:
- Descompresión y estabilización. No existen guías sobre el papel, método ni momento de realización.
-Reducción cerrada y Cirugía. Para estabilizar, reducir luxaciones y descomprimir ele- mentos neurales. Sus indicaciones son: compresión medular con déficit neurológico, si no responde a tratamiento conservador; fractura o luxación vertebral inestable; compresión en un nivel irradiado previamente, y progresión tumoral en curso de radioterapia. El momento oportuno no está definido.
-Radioterapia: en tumores radiosensibles con columna estable.
-Quimioterapia: tratamiento combinado en tumores quimiosensibles, o tras cirugía o ra- dioterapia. Más frecuente en pediatría.
-Experimentales: enfriamiento medular, estimulación eléctrica, macrófagos autólogos, TSH, factores de crecimiento neuronal, etc.
Pronóstico
La tasa de mortalidad es elevada (hasta 20%) después del ingreso. La supervivencia depende de factores constitucionales y del tipo de lesión. La recuperación de las funciones motoras y sensitivas depende así mismo del tipo de lesión, y del adecuado manejo que se haga de ella, que debe ser inmediato. Por otro lado, los pacientes con TSCI tienen alto riesgo de sufrir complicaciones médicas de todo tipo.
Son más frecuentes las paraplejias que las tetraplejias.
Informe y valoración radiológica
En radiografías simples y TC realizadas por sospecha de lesión vertebral traumática hay que valorar los siguientes parámetros: contorno y altura de los cuerpos vertebrales, alinea- ción, y aumento de los espacios intervertebral, interespinoso y atloaxoideo.
Existen 4 líneas a seguir (línea anterior de los cuerpos vertebrales, línea posterior, línea espinolaminar y la línea que conforman las apófisis espinosas). La más importante es la espinolaminar, ya que un signo indirecto de compresión medular es una alteración de este trazado. También debemos examinar las partes blandas, que pueden indicar la presencia de hematoma prevertebral.
La columna vertebral se divide en tres columnas (Denis 1984). Columna posterior. Consiste en el complejo ligamentario posterior.
Columna media. Incluye el ligamento longitudinal posterior (LLP), anillo fibroso posterior, y la pared posterior del cuerpo vertebral.
Columna anterior. Consta de cuerpo vertebral anterior, anillo fibroso anterior, y ligamento longitudinal anterior (LLA).
En RM, los hallazgos que hay que buscar son:
- Lesión medular: compresión, contusión, sección o
- Lesión del complejo ligamentario posterior: consta del ligamento supraespinoso, liga- mentos interespinosos, ligamentos amarillos, carillas articulares interapofisarias posteriores y fascia toracolumbar o cervical (según el nivel).
- Hernia discal: daño discal intrínseco y/o
- Hematoma
- Lesiones vasculares y/o afectación medular
- Confirmar fractura vertebral y tiempo de evolución.
4. Conclusiones
- Las causas de SMA se clasifican en traumáticas y no traumáticas, siendo el TSCI la etiología más frecuente de daño medular agudo y En segundo lugar se encuen- tras las metástasis vertebrales.
- La anatomía de la columna vertebral y de la médula espinal, así como el mecanismo de daño y condiciones basales del paciente, determinan el tipo de lesión y su localización.
- Las técnicas de imagen son fundamentales en el manejo del SMA, porque la valoración clínica es compleja con frecuencia.
- La TC es de elección para evaluar la presencia y extensión de una fractura, y la RM para valorar el complejo ligamentario posterior, partes blandas y la médula Es importan- te valorar los signos de inestabilidad, la invasión del canal raquídeo y la lesión ligamentaria.
- Tanto la TC como las radiografías simples son válidas para evaluar traumatismos no severos. Elegir una u otra como técnica de elección depende de muchos factores, como criterios clínicos, su disponibilidad, edad y tamaño del paciente, y
- El pronóstico no sólo depende del tipo de lesión, sino de establecer un correcto diag- nóstico y tratamiento inmediato de las lesiones, y de las complicaciones
5. Resumen
Se ha revisado la anatomía, la etiopatogenia y los hallazgos clínico-radiológicos que de- bemos conocer para valorar la lesión espinal. El manejo del paciente con síndrome medular agudo o traumatismo vertebral agudo es multidisciplinar y complejo, y es fundamental la valoración clínica inicial para orientar la sospecha de nivel de lesión. El papel del Radiólogo es fundamental para el diagnóstico precoz y preciso de lesiones medulares y vertebrales potencialmente incapacitantes. El objetivo del estudio radiológico es valorar los signos de lesión medular, inestabilidad vertebral, la invasión del canal raquídeo y la lesión ligamentaria.
En un paciente con síntomas compatibles con síndrome medular agudo o subagudo de- bemos diferenciar entre etiología traumática o no traumática (Figura 1). En pacientes con traumatismo de alto riesgo (Figura 2), según las guías de práctica clínica, debe realizarse una TC de columna vertebral urgente.
En pacientes con síndrome medular no traumático, la RM es la técnica de elección. No obstante, recomendamos considerar la TC como técnica de primer paso si existen antece- dentes oncológicos o lesiones previas conocidas, y si no es concluyente, realizar RM.
Cuando un paciente presenta un cuadro clínico de afectación medular o traumatismo espinal, deben plantearse las técnicas radiológicas más adecuadas, para establecer un diagnóstico exacto y rápido, para realizar tratamiento médico-quirúrgico inmediato, y evitar un déficit neurológico irreversible.
6. Figuras

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