Hospital: Hospital de Poniente
Ciudad:
Nº:
Aut@r o Autores: Jonathan Suárez Juárez, Esther Cañete Celestino, María de Gádor López Martín, María del Pilar Gómez-Angulo Montero, José Carlos Sánchez Sánchez,
Presentación:
Mujer de 27 años que es traída al box de críticos de urgencias por episodio de edematización facial y disnea. La paciente tiene síndrome de Down y está a cargo de sus dos hermanas y cuñado, con quien se realiza anamnesis: niega episodio similar y no lo relaciona con alimentos, plantas o animales. Refiere que la clínica comenzó en hemicara derecha y se ha generalizado. A su llegada a críticos, presenta evidente mal estado general, afebril, sin dolor abdominal, torácico ni vómitos. Destaca una saturación basal del 89%, crepitantes bibasales en la auscultación hasta campos medios, taquipnea e importante edema de cara y párpados. En ECG taquicardia sinusal a 115 lpm y en radiografía de tórax (ver pie de foto) se observan signos de TBC residual, neumotórax bilateral, neumomediastino, neumoperitoneo y extenso enfisema subcutáneo. Se completa estudio con TCMD de tórax sin contraste I.V. Ante la situación de la paciente se decide su ingreso en UCI, mostrándose muy agitada, con intolerancia al decúbito, posición en trípode y saturación al 95% con FiO2 de 1. Ante el mal pronóstico, se consensua con la paciente y familiares realizar LET y tras sedación, fallece al día siguiente.
Discusión:
La tuberculosis, causada por el Mycobacterium tuberculosis es uno de los problemas de salud pública más importantes, siendo la entidad que más muertes ha ocasionado en la historia. Hoy en día sigue habiendo más de 1.000 millones de personas infectadas. Con el auge del SIDA y la inmigración masiva, ha sufrido un repunte, unido a la aparición de cepas multirresistentes a fármacos. Históricamente podemos dividir la tuberculosis pulmonar en primaria y postprimaria. En niños es más frecuente la primaria, tras un primer contacto con el Mycobacterium. En esta, la manifestación radiológica más común son las adenopatías y en el parénquima observamos infiltrados o consolidaciones de lóbulos medios e inferiores. La postprimaria es fruto de una reactivación de los bacilos o de una reinfección (menos frecuente). Aunque el diagnóstico de la tuberculosis se realiza mediante la prueba cutánea del Mantoux o del interferón en caso de dudas, la radiografía de tórax y la TCMD son pruebas esenciales para valorar infecciones primarias, reagudizaciones y el grado de afectación parenquimatosa y otras secuelas torácicas que puede producir la enfermedad. Radiológicamente vemos infiltrados alveolares, parcheados y mal definidos en regiones apicales y posteriores de lóbulos superiores, asociado a pérdida de volumen. El signo radiológico más representativo es la cavitación, que no suele verse en la primaria. Las secuelas torácicas son variadas: tuberculomas, cavidades, cicatrización y destrucción del parénquima, bronquiectasias, estenosis traqueobronquiales, etc. Dentro de la afectación parenquimatosa habría que destacar la formación de bullas, de predominio apical y de bronquiectasias asociadas a tractos fibrosos residuales, que pueden romperse y producir neumotórax, neumomediastino y/o enfisema subcutáneo como es nuestro caso. El tratamiento de la tuberculosis sigue siendo un cóctel de antibióticos con distintas combinaciones entre sí según el contexto y situación del paciente, siendo de primera línea la isoniacida, etambutol, rifampicina y estreptomocina.
Conclusión:
La tuberculosis, causada por el Mycobacterium tuberculosis es uno de los problemas de salud pública más importantes, siendo la entidad que más muertes ha ocasionado en la historia. Hoy en día sigue habiendo más de 1.000 millones de personas infectadas. Con el auge del SIDA y la inmigración masiva, ha sufrido un repunte, unido a la aparición de cepas multirresistentes a fármacos. Históricamente podemos dividir la tuberculosis pulmonar en primaria y postprimaria. En niños es más frecuente la primaria, tras un primer contacto con el Mycobacterium. En esta, la manifestación radiológica más común son las adenopatías y en el parénquima observamos infiltrados o consolidaciones de lóbulos medios e inferiores. La postprimaria es fruto de una reactivación de los bacilos o de una reinfección (menos frecuente). Aunque el diagnóstico de la tuberculosis se realiza mediante la prueba cutánea del Mantoux o del interferón en caso de dudas, la radiografía de tórax y la TCMD son pruebas esenciales para valorar infecciones primarias, reagudizaciones y el grado de afectación parenquimatosa y otras secuelas torácicas que puede producir la enfermedad. Radiológicamente vemos infiltrados alveolares, parcheados y mal definidos en regiones apicales y posteriores de lóbulos superiores, asociado a pérdida de volumen. El signo radiológico más representativo es la cavitación, que no suele verse en la primaria. Las secuelas torácicas son variadas: tuberculomas, cavidades, cicatrización y destrucción del parénquima, bronquiectasias, estenosis traqueobronquiales, etc. Dentro de la afectación parenquimatosa habría que destacar la formación de bullas, de predominio apical y de bronquiectasias asociadas a tractos fibrosos residuales, que pueden romperse y producir neumotórax, neumomediastino y/o enfisema subcutáneo como es nuestro caso. El tratamiento de la tuberculosis sigue siendo un cóctel de antibióticos con distintas combinaciones entre sí según el contexto y situación del paciente, siendo de primera línea la isoniacida, etambutol, rifampicina y estreptomocina.
Bibliografía:
Nachiappan Arun C, Rahbar K, Shi X. Pulmonary tuberculosis: role of radiology in diagnosis and management, Radiographics, 2017, 37:52-72, https://doi.org/10.1148/rg.2017160032 Satish Deshpande S, Rajeev Joshi A, Shah A. Aftermath of pulmonary tuberculosis: computed tomography assessment, Polish journal of radiology, 2020; 85:144-154, https://doi.org/10.5114/pjr.2020.93714 Young Kim H, Song K-S, Goo JM, Thoracic Sequelae and complications of tuberculosis, Radiographics, 2001; 21:839-860, https://doi.org/10.1148/radiographics.21.4.g01jl06839