Hospital: Hospital Universitario Virgen Macarena
Ciudad:
Nº:
Aut@r o Autores: Daniel Moreno Real, Daniela de Araujo Martins-Romeo, Francisco Aneiros Rosón, Manuel Brioso Díez, Celia Córdoba Clavero, Pedro Aguado Linares,
Presentación:
Paciente de 52 años, a destacar entre sus antecedentes personales HTA, dislipemia y hematoma talámico izquierdo de origen hipertensivo en 2014, sin secuelas posteriores. Es atendido en su domicilio tras sufrir un episodio sincopal brusco, con pérdida de consciencia de dos minutos de duración. En la ambulancia, describen hemiplejía izquierda con recuperación parcial de la fuerza durante el traslado al hospital. A su llegada a Urgencias, el paciente se encuentra somnoliento, desorientado en tiempo y con hemiparesia izquierda, NIHSS 3. Se activa código ictus. Se realiza TC de cráneo sin contraste, en el que se evidencia un hematoma intraparenquimatoso profundo derecho, que se extiende desde el pedúnculo cerebral a ganglios basales ipsilaterales a través de un recorrido tálamocapsular. Rotura ependimaria, comunicando el hematoma con los ventrículos laterales, tercer ventrículo y cisternas de la base. Imágenes redondeadas de menor densidad que el hematoma parenquimatoso que ocupan las cisternas de la base y podrían tratarse de estructuras vasculares. Ante los hallazgos, se desactiva el código ictus. Se realiza angio-TC de cráneo, donde se visualizan múltiples estructuras vasculares dilatadas, con epicentro en cisterna de la lámina cuadrigémina y receso suprapineal, en probable relación con malformación arteriovenosa (MAV) y aneurismas de flujo.
Discusión:
La aproximación inicial ante la sospecha de hemorragia intracraneal requiere un estudio de TC sin contraste. Es fundamental porque, además de demostrar la hemorragia, nos permite sospechar algunas etiologías según el patrón de distribución. En nuestro caso, la presencia de estructuras vasculares de mayor densidad que el parénquima y la distribución de la hemorragia, nos hacen sospechar una posible MAV. El siguiente paso, debe ser la realización de una angio-TC para confirmar nuestro diagnóstico, aclarar la causa de la hemorragia y servir de orientación terapéutica, ya que nos permite adquirir reconstrucciones 3D de las estructuras vasculares. Las MAV, se tratan de un tipo de malformación vascular intracraneal responsable de < 2% de las hemorragias intracraneales. Está compuesta por arterias de alimentación, un nido de vasos y venas de drenaje. Debido a la baja resistencia al flujo, las arterias de alimentación aumentan su calibre, lo que puede conducir a la formación de aneurismas de flujo, como ocurre en nuestro caso. La dilatación de éstos, produce anomalías en su pared, haciéndolos más susceptibles a la ruptura cuando se produce un aumento brusco de la presión arterial. Dado que las MAV se presentan como estructuras más densas que el parénquima, pueden llegar a diagnosticarse incidentalmente en una TC sin contraste. Una prueba muy útil en este caso sería la RMN, ya que detecta hemorragia previa, aneurismas intranidales, entre otros hallazgos, que se relacionan con un alto riesgo de sangrado futuro. La angiografía cerebral sirve para el tratamiento y es el gold standard en el diagnóstico de la MAV, delimitando sus componentes de manera exacta. Debido al drenaje venoso temprano, en fase arterial se produce una opacificación precoz de las venas. En nuestro caso, propuso la rotura de uno de los aneurismas de flujo como causa más probable de la hemorragia.
Conclusión:
La aproximación inicial ante la sospecha de hemorragia intracraneal requiere un estudio de TC sin contraste. Es fundamental porque, además de demostrar la hemorragia, nos permite sospechar algunas etiologías según el patrón de distribución. En nuestro caso, la presencia de estructuras vasculares de mayor densidad que el parénquima y la distribución de la hemorragia, nos hacen sospechar una posible MAV. El siguiente paso, debe ser la realización de una angio-TC para confirmar nuestro diagnóstico, aclarar la causa de la hemorragia y servir de orientación terapéutica, ya que nos permite adquirir reconstrucciones 3D de las estructuras vasculares. Las MAV, se tratan de un tipo de malformación vascular intracraneal responsable de < 2% de las hemorragias intracraneales. Está compuesta por arterias de alimentación, un nido de vasos y venas de drenaje. Debido a la baja resistencia al flujo, las arterias de alimentación aumentan su calibre, lo que puede conducir a la formación de aneurismas de flujo, como ocurre en nuestro caso. La dilatación de éstos, produce anomalías en su pared, haciéndolos más susceptibles a la ruptura cuando se produce un aumento brusco de la presión arterial. Dado que las MAV se presentan como estructuras más densas que el parénquima, pueden llegar a diagnosticarse incidentalmente en una TC sin contraste. Una prueba muy útil en este caso sería la RMN, ya que detecta hemorragia previa, aneurismas intranidales, entre otros hallazgos, que se relacionan con un alto riesgo de sangrado futuro. La angiografía cerebral sirve para el tratamiento y es el gold standard en el diagnóstico de la MAV, delimitando sus componentes de manera exacta. Debido al drenaje venoso temprano, en fase arterial se produce una opacificación precoz de las venas. En nuestro caso, propuso la rotura de uno de los aneurismas de flujo como causa más probable de la hemorragia.
Bibliografía:
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